domingo, 23 de septiembre de 2012

La "derecha" assadista y sus reflejos

El invierno de 2011 nos deparó el "despertar" del pueblo árabe. Lejos de ser un lugar común y lejos, también, de los estereotipos asociados a la "primavera árabe", es cierto que ese despertar cogió por sorpresa, se vio con simpatía por el resto del mundo y que, de ninguna manera, se esperara que acabará en una intensificación y estrangulamiento del Mundo Árabe por la injerencia imperialista.

El Mundo Árabe se despertaba, cosa asombrosa... Estábamos cansados de ver gobiernos burocráticos y clientelistas en el Norte de África, de ver Monarquías dictatoriales, no parecía que llegara la hora de que el "Socialismo" se extendiera por ese mundo. Pero hete aquí que despertó, y contrariamente a lo que el "conspirativismo" de uno y otro signo dice, se despertó porque la clase obrera no había parado de levantarse durante los años anteriores, porque las condiciones impuestas por el neoliberalismo internacional lo habían facilitado, y porque la movilidad social de las propias sociedades árabes las habían predispuesto a levantarse y reivindicar sus derechos, buscando vías alternativas a lo que los políticos locales les ofrecían y a lo que Occidente les pedía.

Ese fue el momento del Islamismo Político. Otra cosa es que este Islamismo, precisamente, fuese instrumentalizado a tiempo por Occidente como válvula de escape y renegociación de su influencia en las regiones árabes. 

La "primavera árabe" no sólo golpeó en los países que la sufrieron, también golpeó en los países occidentales. El Movimiento del 15-M se puede considerar, a todos los efectos, un vástago de ese movimiento. Y el movimiento hispano del 15-M tuvo su repercusión en otras sociedades "occidentales" (dizque decir, europeizadas), desde Israel hasta Inglaterra, pasando por Grecia e Italia y, por última, todos los movimientos de "ocupación" de plazas en EE.UU. Alguna razón tienen los analistas que, como el Ministro de Exteriores ruso, Serguéi Lavrov, dicen que hay que entender las "primaveras árabes" desde el panorama cultural de ese mundo, y como una vuelta a sus fuentes. Es decir, la desaparición de la URSS, entiende Serguéi Lavrov, concretamente, y estamos de acuerdo con él, opera un cambio radical en las formas de lucha nacional y en la motivación de esas luchas, un cambio que ya se venía observando una década antes, pero que esta desaparición (en 1991) hace, si cabe, más descarnado y evidente: los nacionalismos y las identidades políticas tradicionales pasan a primer plano, la vinculación a culturas, religiones, etc., pasan a convertirse en un carnet de identidad y en un salvoconducto como antes lo eran las ideologías políticas, que pasan a segundo plano, (izquierda, derecha, etc.).

La "primavera árabe", aunque en sus efectos sea contradictoria e, incluso, contraproducente (guerras, crímenes, caos) revitaliza al Mundo Árabe como en mucho tiempo no se había conocido y pone en marcha un movimiento de imitación en el Mundo Europeo, como tampoco se conocía desde hacía mucho tiempo. 

Si bien ya se habló de una "primavera árabe" en una fecha tan cercana como 2005, se compara este despertar político y militar del mundo árabe con el operado por la "revuelta árabe" de principios del siglo XX, también instigado por las agencias europeas (no es que este lo sea menos, pero el que "pueblo" se comporte influido por unos u otros actores no desmiente el hecho de que es el "pueblo" el que se mueve pidiendo cambios, en uno u otro sentido), en aquella ocasión contra un Imperio Otomano que se había aliado con Alemania en la I Guerra Mundial, lo que le acabaría pasando una factura que le acabaría costando la muerte.

La "primavera árabe" fue barriendo todo lo burocrático y rancio que se iba encontrando, primero Túnez, luego Egipto, y mientras caían Túnez y Egipto se preparaba el terreno en Libia. Gadhafi se quejó de que la "revolución" tunecina desprotegiera sus fronteras con ese país, luego vino el reblandecimiento de la frontera egipcio-libia, y de la situación en Egipto y de la conciencia estratégica de los militares egipcios... Los militares egipcios, siempre pragmáticos y todopoderosos en el país del Nilo, tuvieron que reajustar sus apuestas según el tablero estratégico de la zona se iba de reajustando. 

El asalto a Libia y su guerra civil se fue preparando con mucho tiempo de antelación. Aprovechando el dominio total del Imperialismo sobre los medios de comunicación occidentales y la relativa ignorancia que en ese público existía sobre las cuestiones árabes, el asalto imperialista a Libia se fue preparando con meticulosidad, y las "revoluciones" tunecina y egipcia precipitaron su puesta en práctica. 

La "primavera árabe" produjo un cambio radical en las relaciones internacionales de los países árabes y obligó a Siria a cambiar su enfoque nacional del Estado. Siria era (y es) un país asediado, de lo que en el resto del mundo no éramos plenamente conscientes. En otras cosas, porque la política del tira y afloja del Imperialismo con respecto a Siria no la había llevado a un bloqueo total. Los políticos sirios gozaban de predicamento en Occidente (al igual que los libios). Siria había afianzado una (figurada) política de buena vecindad con Turquía. Las familias de sus presidentes se visitaban, Siria "disfrutaba" de un acuerdo de libre comercio con Turquía que era absolutamente desventajoso para Siria pero, visto lo cerca que se había estado de una guerra entre los dos países en el 2000, y vista la injerencia del Imperialismo en la región, Siria quería seguir manteniendo esa relación comercial con Turquía (aunque fuera desventajosa).

 Las vacaciones compartidas de los Assad y los Erdogan

En el marco de estas relaciones problemáticas de Siria con Occidente, qué ocurrió: que Siria seguía mandando gente al extranjero, porque su situación económica tropezaba con barreras; que Siria introducía parciales políticas de privatización de sus empresas (igual que hacía Libia con Gadhafi), en parte obligada por la presión internacional; que Siria entorpecía el crecimiento de su industria nacional, y se convertía en una zona de consumo de productos turcos. El mercado sirio era "asaltado" por productos extranjeros, mientras que Turquía hacía negocios más estrechos con las monarquías árabes del Golfo, convirtiendo a Siria en una área comercial bajo su "protección". 

En este contexto, la corrupción y los abusos crecieron. El "estado de excepción" que Siria mantuvo desde 1963 hasta marzo de 2011 (levantado para satisfacer las demandas populares) dio amparo a los abusos de poder y a las denuncias de torturas. Siria entró a formar parte, puntualmente, de la alianza contra el terrorismo de EE.UU., que le entregó (según los testimonios) a sospechosos de Al Qaeda de nacionalidad Siria -si bien esta alianza de EE.UU con Siria en temas anti-terroristas también fue oportunista, pues tanto colaboraba con ella como la denunciaba por apoyar al terrorismo (igual que hacía con Libia).

El artículo constitucional que amparaba la corrupción era el famoso artículo 8, que garantizaba la hegemonía del Baath (*) en el Estado. Ese artículo, si bien se incluía para preservar la unidad del Estado, suponía en la práctica una invitación al arribismo y al clientelismo por parte del Estado. Ese artículo también fue retirado de la Constitución, como parte del paquete de reformas elaborado para satisfacer las demandas populares tras las protestas de marzo de 2011.

En otras palabras, siguiendo Siria la senda del "socialismo árabe", ha pretendido proyectar un modelo de Estado y socialismo sui géneris que se ha encontrado a medio camino de varias fórmulas preestablecidas y que se ha encontrado con la oposición del imperialismo. No ha querido ser un sistema de partido único (a pesar de lo que diga la propaganda occidental, el artículo 8 de la anterior constitución no establecía ningún sistema de partido único, sino la preeminencia del Baath sobre el resto de partidos --lo que ya, de por sí, era un claro trato desigual), no ha querido ser tampoco un sistema-sin-partidos (como la Jamahiriya libia), ni un sistema islamista (como Irán); se ha encontrado a medio camino entre la "tercera vía" propia del modelo del "socialismo árabe", asociado a fórmulas de caudillismo popular, y el modelo del "socialismo soviético" del partido único, adoptando la fórmula frenti-populista del Frente Nacional Progresista, en un Estado que se declaraba "socialista", pero que marginaba a todas las voces discrepantes con este modelo de Estado por este motivo. 

De tal forma que la negociación política y la receptividad de Siria a las presiones ha sido una de las señas de identidad de su Estado. No era un Estado islámico pero reconocía (y reconoce) al Islam como la religión mayoritaria del país (un Estado “aconfesional”, más bien, como el actual Estado español). El Estado se declaraba socialismo, pero no era de partido único, no santificaba la doctrina marxista (el Baath no es un partido marxista), y parecía más bien plasmar los ideales económicos y políticos de una “burguesía nacional”. Era (y es) un Estado árabe –en cuya arabidad residen parcialmente las razones de su oposición a Israel--, pero es un Estado árabe con minorías no árabes, a las que, hasta ahora, no se las había concedido una autonomía política o cultural.

Y este Estado, junto a su población, en medio de caminos, es el que ha soportado una embestida brutal del imperialismo, como no se conocía en la región desde la guerra de 2003 (Bush VS Hussein). Y este Estado, unido a su población de forma eficaz y eficiente, ha logrado una proeza como quizá no se conocía desde la II Guerra Mundial (en el caso de la agresión de Alemania contra la Rusia soviética), contener la agresión fascista-capitalista, sacar fuerzas de flaqueza, mantener la asistencia al pueblo y un alto espíritu patriótica, y aliarse con una serie de países comprometidos ideológicamente en la defensa del frente panarabista y anti-sionista, una vez que la Hermandad Musulmana y el Imperialismo lo daban ya por terminado.

Y eso ha sido, y es, el logro de un Estado que combina tanto el pragmatismo como la ideología. Pero también ha sido, y es, el logro de un pueblo que ha asumido la oleada de la “primavera árabe” y la ha traducido en términos nacionales y de cohesión social, a pesar de todas las amenazas y crímenes cometidos por la alianza islamo-fascista, y de todos sus planes para seguir cometiéndolos.

Unidad cívico-militar del pueblo sirio
 
La “derecha” assadista es la derecha que se ha creado en el relativo aislamiento de Siria. Es la derecha que se ha identificado al máximo con el ideal de la “burguesía nacional” y ha creído que podía desarrollarlo por su cuenta y riesgo, es la derecha apoltronada en los aparatos del Estado, es la derecha protegida por la hegemonía institucional del Baath, la derecha que “ha hecho negocios” con el extranjero amparándose en la legitimidad del Estado y en la necesidad de abrir cauces con el exterior. Es la derecha, en fin, que ha contribuido a putrificar un determinado estado de cosas, y estado de cosas al que el pueblo sirio y sus distintas “comunidades” han declarado no querer volver.

Esta guerra nacional, como toda guerra verdaderamente popular, ha adoptado un carácter revolucionario. No es del destino de Assad, ni siquiera del de el Baath, del que depende Siria, sino de lo que decida su pueblo y de la unidad del mismo para seguir resistencia y avanzando hasta la completa liberación de Oriente Medio de la huella imperialista.
 
 
Bashar al Assad no es ni un dios ni un profeta, sino un hombre que cumple lo mejor que puede con su país.



(*) Baath: Partido del Renacimiento Árabe Socialista, fundado en Siria en 1947, se extendió por diversos países árabes y su ideología influyó en lo que se conoce como nacionalismo árabe o panarabismo.