lunes, 2 de diciembre de 2013

La alarma de una III Guerra Mundial (*)

Toda batalla se basa en el engaño. 
Si tu enemigo es superior evítalo,
si está enfadado irrítale, 
si estais igualados combate,
y si no reposa y recapacita.

Sun Tzu, "El arte de la guerra" (S. IV a. n. e)


Las tropas enemigas están al pie de la muralla. Son más fuertes que nosotros. Tendremos que situarnos básicamente a la defensiva.

Den Xiaoping (circa 1997)


Desde el final de la II Guerra Mundial, la posibilidad de un enfrentamiento bélico tan devastador siempre ha estado encima de la mesa. EE.UU. ha sido hasta la fecha el único país que ha empleado armamento nuclear en una guerra, cuando lo hizo en el frente del Pacífico al final de la II Guerra Mundial (1945) mandaba un mensaje bastante claro a la que sería su potencia contrincante en la posguerra; la URSS tardaría cuatro años más en utilizar con éxito un armamento semejante y de forma experimental [1].

Tras los acuerdos de Yalta y Postdam, al final de la II Guerra Mundial, que sientan las guerras de la Europa de posguerra, comenzaron las tensiones de la "guerra fría". El "idilio" capitalista-comunista de la II Guerra Mundial se había terminado, como aliados contra el nazi-fascismo y, sin medias tintas, se evidenciaba un enfrentamiento directo entre la ideología capitalista y la socialista o comunista. Es entonces cuando comienza la "paranoia" anti-comunista en el mundo capitalista, en la que la industria cultural de masas desempeñó un papel fundamental como instrumento de propaganda. Es entonces también cuando se enfrían las relaciones del resto de fuerzas políticas con los comunistas en los Gobiernos salidos del final de la II Guerra Mundial (en el caso español, del Gobierno Republicano en el exilio, lo que lo redujo a un papel puramente testimonial).

Uno de los principales objetivos de las Naciones Unidas (creada en 1945) era, precisamente, el de evitar una nueva conflagración como las dos ocurridas en el Siglo XX. Otro objetivo principal de las NN.UU. era el respeto a la soberanía nacional entre los países integrantes. El mismo respeto al que se faltó en la guerra de Libia, cuando las NN.UU., y especialmente su secretario general, jugaron a un puro y duro cambio de régimen de la mano de los países que estaban llendo mucho más lejos en la aplicación de las resoluciones de las NN.UU. sobre ese conflicto, implicándose activamente en la causa de la "rebelión" contra el Gobierno libio, por todos los medios posibles (incluyendo la propaganda de guerra que sufrimos en los medios de comunicación, a despecho de cualquier derecho humano que las NN.UU. digan "proteger").

La arquitectura institucional de las NN.UU., así como del resto del "orden mundial" nacido de la II Guerra Mundial (UNESCO, Banco Mundial, FMI) tiene mucho que ver con cómo se había saldado la guerra y cuales eran los pasos y temores que los "países vencedores" atisbaban en el horizonte (EE.UU., URSS, Francia, Reino Unido y China). En la práctica, el resultado fue un Consejo de Seguridad absolutamente falto de representatividad mundial, una estructura de intereses institucionales descompesada en favor de EE.UU., y la recomposición del capitalismo en favor de este país, favoreciendo una integración suave en su área de influencia (Plan Marshal, Acuerdos de Libre Comercio o rondas del GATT, fundación de la OTAN). La suavidad en la integración en el bloque hegemonizado por EE.UU. no estaba exenta del mantenimiento de dictaduras fascistas, como la española, así como del patrocinio de golpes de Estado (por todo el mundo).




La primera prueba de fuego que tuvo que acometer esa arquitectura institucional fue la "descolonización" del África y Ásia. Bajo el proceso de descolonización, las antiguas metrópolis trataron de mantener sus lazos de influencia política, económica y cultural en sus ex-colonias. Con lo cual, los países colonialistas mantuvieron su presencia en los territorios colonizados, aunque mediatizada por las nuevas oligarquías "nacionales" surgidas del proceso descolonizador, que impedían la descolonización y la democratización completas del país. El realismo político y económico se imponía a los intereses nacionales, y a los pueblos sólo les quedaba la opción del sometimiento a un nuevo tipo de explotación, o la rebelión y la revolución. En este juego, y en plena "guerra fría", es cuando aparece el fenómeno de las guerras de baja intensidad que se libraron en medio mundo y que fueron otra forma de que EE.UU. y la URSS ventilaran sus zonas de influencia sin recurrir al enfrentamiento directo. Estas guerras de baja intensidad, en algunos casos, como Ángola o Vietnam, alcanzaron grados de alta intensidad, cuando ejércitos completos de varios países llegaron a enfrentarse en un mismo escenario bélico.

La paz de la posguerra no sólo se vio amenazada por estos escenarios locales. En algunos casos, el enfrentamiento militar entre EE.UU. y la URSS conllevó el peligro efectivo del empleo de armamento nuclear.

La crisis de los misiles nucleares rusos de Cuba en 1962 se solucionó con el desmantelamiento, por su parte, de EE.UU. de una base militar secreta en Turquía. Dicho sea de paso, y según confesiones de Fidel Castro en la década de 1980 [2], esta crisis a punto estuvo de provocar la ruptura de relaciones entre Cuba y la URSS por la forma en que esta potencia solucionó el asunto al margen de los intereses cubanos. La URSS accedió unilateralmente a retirar los misiles a despecho de la amenaza que para la Cuba socialista tenía el que EE.UU. estuviera a 90 millas de su costa, tal y como se había constatado con el fracasado desembarco de mercenarios norteamericanos en Bahía de Cochinos un año antes.

Pero donde quizá el recrudecimiento de la amenaza nuclear fue mayor fue en la Europa continental. Con Reagan la escalada armamentística aumentó de manera exponencial, como forma de demostrar el poderio norteamericano frente al "Imperio" soviético --y llamar al orden a sus "socios" europeos, al unísono con el nombramiento de Margaret Thatcher como Primer Ministro británico. La vulgata neocon suele también incluir al Papa Juan Pablo II en el triunvirato internacional que hizo posible el "derrocamiento" del bloque soviético. Lo cierto es que las declaraciones de Juan Pablo II, al margen de la novedad que resultó de la elección de un Papa católico no italiano y, además, polaco (una nación tradicionalmente bajo el yugo romano), un país aliado de la URSS entonces, esas declaraciones, al menos durante el periodo en que el bloque socialista pareció unido, se mantuvieron dentro del comedimiento teológico y el equilibrio diplomático, incluso cuando se realizó su viaje a Polonia.

EE.UU. desplegaba más misiles nucleares en Europa occidental en los años 80, mientras el movimiento pacifista fortalecía su pujanza en contra, y se producía la hibridación entre pacifismo, ecologismo y socialismo. Paralemente, la URSS, con anterioridad a Gorbachov, también aumentaba en sus declaraciones desafiantes y retadoras ante el reto, a su vez, de EE.UU., y manifestaba, por ejemplo, que España se encontraba dentro de las dianas de sus misiles atómicos (tras la incorporación de nuestro país a la OTAN, con Calvo Sotelo).

Pero el mundo de la "guerra fría" queda atrás, simbólicamente, tras la caida del muro de Berlín. Y con ello se avanza más rápidamente en la reducción de los arsenales armamentísticos de EE.UU. y la URSS (luego Rusia).

Ahora bien, las negociaciones sobre armamento entre las dos superpotencias sufren un parón tras la desintegración de la URSS (que realimenta los conflictos nacionalistas entre y dentro las ex-repúblicas soviéticas), así como tras la guerra y subsiguiente desintegración de Yugoslavia: la UE y la OTAN empiezan a extenderse hacia el este; los antiguos aliados orientales de la URSS se pasan al bando de EE.UU. (en la práctica). La nueva "luna de miel" entre Oriente y Occidente se empieza a deshacer; la guerra de Kosovo (1999) enfría aún más las relaciones (con amenazas veladas de Rusia, como el reinicio de sus ensayos misilísticos), luego llegara el proyecto de "escudo antimisiles" de la OTAN, los conflictos a propósito de Ucrania y Georgia, el suministro de gas, etc [3]. 

La amenaza de la III Guerra Mundial se reactiva a partir de la guerra de Kosovo en los medios alternativos. La reinvidicación del multilateralismo (durante la guerra de Irak) ha dado paso a un sorprendente discurso filo-guerra fría, con un nuevo alineamiento en dos grandes frentes (Oriente y Occidente, Este y Oeste). A lo que habría que añadir la propia crisis (crónica) del capitalismo, cuyo agudizamiento se ha desplazado desde el este al oeste (Europa oriental, Asia-Pacífico, Norteamérica-Europa atlántica, Europa mediterránea). La crisis del capitalismo se ceba con el euro como moneda de refugio (frente al dólar), mientras Asía y América Latina disfrutan de un mayor crecimiento (relativo) frente a las economías norteamericana y no digamos europea. 

¿Se puede permitir el capitalismo el lujo de que chinos y, en general, asiáticos, así como latinoamericanos, impongan sus criterios en la economía mundial, por no hablar del enfrentamiento (de fondo) por el reparto de los recursos nacionales de los países africanos, ya no entre "imperialistas", sino entre "imperialistas" y "anti-imperialistas" (un frente en el que hace tiempo que las relaciones ideológicas se sustituyeron por relaciones pragmáticas de igualdad basadas en el mutuo entendimiento)?

En la guerra estamos y, mientras el capitalismo sea un modelo socio-económico indiscutido en el mundo, como lo es ahora, a expensas del refortalecimiento de la izquierda en América Latina (tras una década de neoliberalismo) y del refortalecimiento en estos momentos de la izquierda en Europa occidental (en medio de la resaca neoliberal que vivieron los latinoamericanos), en la guerra seguiremos.

Por lo tanto, la cuestión no es si Guerra Mundial si o si la Guerra Mundial no, la cuestión es cuándo, cómo y dónde. Y el hilo está perfectamente claro para quien lo quiera ver. Tras la guerra de Irak (que se va cocinando en los años 90 con toda una bateria de sanciones), y la guerra de Yugoslavia (que termina con la agresión a Kosovo), viene un recalentamiento de la situación política en América Latina, que se salda con dos nuevos golpes de Estado (Honduras y Paraguay). Luego, las guerras en los países árabes y en el África negra (Costa de Marfil, Mali, los conflictos más conocidos), para concluir con una escalada de la tensión en Medio Oriente (desde Palestina hacia Irán, en convergencia con el Golfo Pérsico) y en el Mar de la China (Península de Corea, como elemento de discordia). 

Es absolutamente cierto que la Izquierda ha hecho de la Paz una seña de identidad, y en este sentido nos podemos eternizar en torno a los debate de la no-violencia. Pero a este respecto es bueno recordar la distinción bolchevique entre la paz de la burguesía (sin contenido) y la paz socialista, la paz de clase obrera, con contenido y contrapartidas [4]. De la misma forma que no es lo mismo que un proyecto de "reconciliación nacional" sea dirigido por un organismo esclerotizado como el español (en los 70), o por una Alemania Federal dispuesta a asaltar los mercados orientales (como en los 90), que por un frente progresista (como en Siria) o por una alianza de fuerzas bolivarianas (como en Venezuela). En toda negociación (y en eso se resume el ejercicio de la política) las partes tienen que ceder algo, pero no es la misma cesión si la negociación es dirigida por fuerzas imperialistas que por fuerzas patrióticas puestas al servicio de un proyecto nacional prioritario.

Benito García Pedraza (Ateneo Republicano de Villaverde) 


(*) Este documento se escribió en abril de 2013, cuando la tensión internacional en Oriente Medio en torno al frente de resistencia anti-sionista se agudizaba y parecía sumarse a la tensión internacional en torno a la Península de Corea, amenazando con que cualquier conflicto regional terminara por contagiarse a otras regiones del planeta desencando una III Guerra Mundial. Afortunadamente, al mes siguiente la tensión internacional pre-bélica se redujo tanto en el Este de Asia como en Oriente Medio, pero la amenaza de una nueva contienda global se mantuvo como demostró el recrudecimiento de la tensión en Oriente Medio en septiembre de este mismo año a propósito de un presunto ataque químico por parte del Gobierno sirio en su territorio... La publicación de este artículo, que se manifestó de interés en abril por la frivolidad con la que algunos medios recibían los advertencias contra un nuevo enfrentamiento bélico a escala internacional, dejó de ser tan urgente al mes siguiente debido al reconducimiento del conflicto por el terreno diplomático, y el artículo se mantuvo sin publicar en beneficio de una solución pacífica del conflicto internacional. Sin embargo, antes de que terminara el año no queríamos dejar de pasar la oportunidad de hacer públicas estas consideraciones... Particularmente, para hacer una mejor interpretación de este artículo debería ser complementada su lectura con: "Especialistas rusos advierten de una guerra mundial en los próximos años"

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[1] El uso de la bomba atómica por parte de EE.UU. al final de la II Guerra Mundial tenía una finalidad más allá del plano militar, tanto en cuanto que desde este punto de vista la victoria sobre el Imperio japonés ya estaba garantizada.

[2] Entrevista con el italiano Gianni Mina (1988).

[3] A Rusia se le ocurrió preguntar si podía ser admitida en la UE y la OTAN. A este respecto, Putín, en tiempos de su primera presidencia (2000-2004), sacó un papel donde se recogía la propuesta que la URSS hizo a la OTAN de incorporarse a su organización en tiempos de la presidencia de Jruschov. La UE no se plantea la incorporación de Rusia, y las relaciones bilaterales entre la UE y Rusia no caminan en esa dirección. En cuanto a la OTAN, esta organización ni se tomó en serio la propuesta de Putin.

[4] La consigna del Partido Socialdemocrata Ruso (bolchevique), durante la crisis de 1917, era "Pan, Paz y Tierra", (sustituyamos tierra por trabajo y será un lema plenamente actual).