sábado, 28 de diciembre de 2013

La política de apaciguamiento de EE.UU.: el caso iraní

Por Benito García Pedraza (No a la Guerra Imperialista)

Tradicionalmente, en EE.UU. se ha asociado una política exterior de apaciguamiento con el Partido Demócrata y otra expansionista con el Partido Republicano dentro, desde luego, de la política general imperialista que sostiene el país, al menos, desde la Doctrina Monroe "América para los americanos" sino desde antes. 

Un ejemplo clásico de la aplicación de la política de apaciguamiento de la "Administración demócrata" de EE.UU. lo ofrece el mandato de John F. Kennedy. No en vano Kennedy fue un estudioso de uno de los grandes momentos de las relaciones internacionales en que se aplicó la política de apaciguamiento: la 2ª Guerra Mundial [1].

Ya decía Churchill (político de derechas británico que llegaría a ser Primer Ministro en plena 2ª Guerra Mundial) que aplicar la política de apaciguamiento era como tratar de calmar a un cocodrilo con pequeños bocaditos antes de que, finalmente, le devorara la uno. Lo cierto es que el Imperio británico aplicó la política de apaciguamiento con regularidad antes de la 1ª Guerra Mundial como forma de calmar las revueltas que se desataban en sus colonias de ultramar [2]. Y esa fue la política que Gran Bretaña, junto con Francia fundamentalmente, aplicó para calmar al nazismo que había llegado al gobierno en la República alemana de Weimar y que declaraba su intención de reinstaurar el Imperio alemán. En el caso nazi, ni que decir tiene que la “política de apaciguamiento” de los británicos fue un gran fracaso… Ayudó a la Alemania nazi a expandirse territorialmente, afianzó el poder del fascismo en Alemania y precipitó a las potencias europeas hacia la 2ª Guerra Mundial.

Ahora bien, en el caso de la política de apaciguamiento llevada a cabo por Kennedy no se puede decir que terminara en fracaso. En realidad, Kennedy maniobró en un complejo escenario nacional e internacional donde tenía que satisfacer a todas las partes a la vez que impedir un retroceso en la influencia internacional de EE.UU. (una forma de cesarismo progresista): en la famosa crisis de los misiles –provocada por la instalación de misiles soviéticos en Cuba, como respuesta, a su vez, al intento de invasión paramilitar de bahía de Cochinos--, Kennedy logró la retirada de los misiles a la vez que se comprometía a retirar otros enclaves ofensivos de la OTAN que apuntaban a la URSS. El mundo se libró de una guerra entre las dos superpotencias de entonces, a la vez que Kennedy se apuntaba un tanto de cara a la política doméstica; pero las fuerzas reaccionarias de su país no le perdonarían la distensión (o política de apaciguamiento) hacia la URSS y un año más tarde le asesinarían.

Con Barack Obama, EE.UU. no ha retrocedido en su pretensión de ser una potencia hegemónica en todo el mundo, sin embargo, se ha replanteado su influencia en todo el mundo: En primer lugar, en América Latina, donde se pasó de una política de confrontación con Venezuela a otra de distensión, a continuación se condenó la destitución violenta de Manuel Zelaya en Honduras. En segundo lugar, en África, donde se mantuvo la oposición a la creciente influencia de China, incluso en el terreno militar, pero se prefirió apoyar a fuerzas “colaboradoras” en el trabajo sucio contra gobiernos populares (yihadistas y la oportuna intervención de los militares franceses como “bomberos” –que ahora andan recalentando otro conflicto en la República Centro-Africana). En tercer lugar, en Medio Oriente, organizando una asombrosa triangulación entre Islam político, yihadistas y Monarquías árabes.

Sin embargo, la afirmación de la pretensión hegemónica de EE.UU. en el mundo no ha supuesto la invasión “formal” de ningún país o un mayor despliegue de los soldados estadounidenses, a diferencia de lo que pasó con Bush Jr. se ha procedido a la retirada gradual de Irak, llevándose los soldados a Afganistán, después planteando los plazos para la retirada gradual de ese país. EE.UU. ha llegado al mismo punto al que llegó el Imperio británico a finales del siglo XIX: no puede seguir creciendo por encima de sus posibilidades geoestratégicas (al igual que le pasa al capitalismo en el terreno de la economía-política); por esa razón actualizan la “política de apaciguamiento” de herencia británica [3].

No sé hasta qué punto somos conscientes de que en septiembre de 2013 estuvimos al borde de una guerra regional en Oriente Medio de incierto futuro y desarrollo. Sin embargo, una luz logró abrirse paso en medio de aquellas tinieblas tan poco halagüeñas. Una vez que la atención de la opinión pública internacional se centró en las armas químicas en posesión de Siria, el contragolpe magistral de la diplomacia (afortunadamente) fue condicionar la guerra a que Siria entregara sus armas químicas, y así fue y, al menos, ese peligro, el de una intervención directa de EE.UU. en el conflicto, se logró eludir: Obama, premio Nobel de la Paz, tenía algo que ofrecer en casa (y a sus aliados armados de la zona), mientras que en Siria se evitaba un nuevo escenario serbio (por la guerra de ocupación de la región kosovar). Al despejarse esa última y terrible incógnita (una guerra en Siria a causa de las armas químicas), se afianzó el camino hacia la conferencia de Ginebra-2 que los últimos reveses militares de los aliados de EE.UU. en la zona no han hecho sino confirmar.

El peligro de una guerra regional en Oriente Medio tenía dos extremos: uno era la guerra civil en Siria (o, como se dice en lenguaje de las instituciones internacionales, el “conflicto armado interno”) y otro era el conflicto israelo-iraní a causa del programa nuclear iraní. El peligro residía (y sigue residiendo) en que estos dos escenarios conflictivos se unificaran como consecuencia de una intervención occidental directa [4] (bien de Israel, bien de EE.UU., o de ambos a la vez) en uno de los dos conflictos. Una vez que el primer conflicto estar en vías de solución, es necesario que el segundo encauce una vía resolutiva para poder desterrar completamente el peligro de una guerra regional en Oriente Medio [5]. Con este fin, se iniciaron en Viena el pasado... Las conversaciones entre el llamado Grupo 5+1 (es decir, los principales países de Occidente, más Rusia) e Irán. Estas conversaciones lo llevaron a un principio de acuerdo el 24 de noviembre pasado por el que Irán se comprometería a reducir su aprovisionamiento de uranio enriquecido (para su programa nuclear ¡que siempre ha dicho Irán que era con fines pacíficos!) durante un periodo de seis meses en el que no habría más sanciones económicas y políticas de Occidente contra Irán [6].    

Desde el primer momento, las conversaciones de Occidente con Irán a propósito de su programa nuclear con fines pacíficos fueron torpedeadas por Israel, lo curioso es que a esa labor obstruccionista también se sumó Francia (presente en la mesa negociadora), por último, tras el acuerdo, ha sido el Congreso de EE.UU. el que ha amenazado con no respetar el acuerdo que se alcance con Irán (a lo que Obama ya ha respondido que “vetará” cualquier medida que el Congreso tome en contra, como aprobar más sanciones contra el país persa).

Del lado “alternativo”, llama la atención, aunque ya deberíamos estar curados de espantos, que los “defensores” de las (contra)revoluciones árabes también se hayan opuesto al acuerdo de Occidente + Rusia con Irán (parece que siguen apostando a un mundo que arda por los cuatro costados), pero parece más llamativo todavía que los “abogados” públicos del ex-presidente iraní Mahmud Ahmadinejad (que abandonó con arreglo a la Constitución de su país el poder ejecutivo en agosto pasado) se opongan también al acuerdo… En las peores elucubraciones del sionismo israelí consideran que “podrían” convivir con Oriente Medio poblado de armas nucleares (teniendo en cuenta que, como dicen ellos, Israel tiene más). 

En ningún caso creemos que deba apoyarse la política de disuasión nuclear (o militar) basada en una escalada de armamento mutuo. Eso, desde luego, podrá complacer a quienes viven de la industria de la guerra, pero en ningún caso a los pueblos que las sufren y que entregan absurdamente cientos o miles de vidas humanas. La negociación es el camino necesario para la resolución de todos los conflictos internacionales, incluidos los de Oriente Medio. Hay que desterrar por completo de la política internacional el lenguaje del más fuerte o, de lo contrario, volveremos a la era de las cavernas. El mundo vive una terrible hora a causa dela crisis mundial del capitalismo, no se lo pongamos más fácil a este sistema moribundo y démosle un final feliz y merecido en beneficio de todos los pueblos del planeta.

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[1] “John F. Kennedy, un adonis de la política” (El Mundo, 13/11/2013)

[2] Daniel Pipes: “¿Apaciguar a Irán?” 

[3] A todos los efectos, hay pocas dudas de que Israel es un país “occidental”, por no decir europeo, desafiando abiertamente a la geografía, aparte de porque participa en Eurovisión, porque su concepción es deudora del imperialismo europeo (másexactamente del alemán), y porque, en definitiva, no es otra cosa que la reinstauración del antiguo reino de las Cruzadas.

[4] Para el politólogo liberal Fareed Zakaria, EE.UU. no está tanto “en las últimas”, como en el comienzo del fin, en un último grito arrebatador de grandeza que bascula entre la política de conciliación (o de apaciguamiento) y el entrometimiento de la vieja gloria que todavía quiere pinchar y cortar en la escena internacional; quizás sea por eso por lo que se puede definir el discurso de Obama en la ONU con posterioridad ala crisis del armamento químico en Siria como de un “hegemonismo calculado”, muy alejado de la fanfarronería neoconservadora o del tono provocativo del sionismo israelí.

[5] La amenaza de una guerra regional en Oriente Medio no sólo envolvería a Siria, Irán, Israel y EE.UU., sino que también se extendería a Líbano y a las Monarquías árabes, parece seguro que la guerra estallaría a raíz de la tensión en torno al frente de resistencia anti-sionista (Sur de Líbano, Siria e Irán). Desterrar la amenaza de la guerra no debe suponer desarmar ese frente sino, muy al contrario, dar una solución definitiva y feliz, muy alejada de la que sueñan los sionistas, al conflicto entre Israel y los países árabes, lo que pasa, inexorablemente, por el reconocimiento de Palestina como agente político internacional con todos los derechos.  

[6] "Irán considera que las negociaciones sobre su programa nuclear progresan pero lentamente" (AFP/El Nuevo Herald 21-12-2013)